Hay un momento que se repite: el celular en la mano, la app abierta, la excusa perfecta (“solo esta vez”). El problema no es la apuesta. Es el acceso permanente. Si no se corta eso, todo lo demás queda en discurso.
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Hay un momento que se repite: el celular en la mano, la app abierta, la excusa perfecta (“solo esta vez”). El problema no es la apuesta. Es el acceso permanente. Si no se corta eso, todo lo demás queda en discurso.
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